Los niños están aprendiendo y creciendo. Dentro de su normal desarrollo pasan momentos, por sencilla evolución o por tensiones acumuladas, en las que pierden los nervios. Los adultos, que somos su ejemplo, no estamos preparados para controlarnos en estas situaciones y a veces podemos dejarnos llevar por la tensión, teniendo nosotros un berrinche y llegando a gritarles,amenazarles o incluso darles un asote
Somos humanos, no tenemos tampoco suficiente educación emocional para haber aprendido a controlar la violencia que nos brota de dentro, pero nunca es tarde para aprender a educar con buen trato. Al fin y al cabo, si no se debe pegar, ni amenazar ni gritar, si no queremos que nuestros niños lo hagan con otras personas o con nosotros mismos,
Estoy segura que los niños, en el fondo, de lo que aprenden de verdad es del ejemplo y la vida. Si nosotros queremos mostrarles como canalizar la rabia, el miedo, los celos o la ira, primero vamos a tener que educarnos a nosotros mismos para saber hacerlo de manera equilibrada y sin perder los nervios
Estoy segura que los niños, en el fondo, de lo que aprenden de verdad es del ejemplo y la vida. Si nosotros queremos mostrarles como canalizar la rabia, el miedo, los celos o la ira, primero vamos a tener que educarnos a nosotros mismos para saber hacerlo de manera equilibrada y sin perder los nervios. Perder el control
Para enseñar normas y comportamientos empáticos y pacíficos no es necesario usar precisamente lo contrario de lo que queremos enseñar.
gritar, regañar, castigar o pegar un cachete cuando los niños están alterados o traviesos. Tampoco el amenazar o hacer comentarios humillantes no son buenas maneras de reaccionar si los niños nos irrita.
El momento adecuado
Cuando alguien está muy nervioso, rabioso o asustado no es el momento de hablar. Ni ellos, ni nosotros.
Sobre todo con los niños que se quedan bloqueados en el conflicto. La negociación debe venir antes o después del momento de explosión, no en mitad del berrinche, ni es tampoco el momento de ponernos “por encima” haciendo valer la fuerza física para que no nos dejen en evidencia
Si los niños, desde pequeños, saben que van a ser escuchados y atendidos, que no los vamos a juzgar o a obligar innecesariamente, van a tener muchas más herramientas para confiar en nosotros y dialogar con los años. El diálogo se cimenta desde el primer año de vida. No podemos exigir ni esperar que un adolescente vaya a confiar en nosotros si nunca le hemos pedido opinión o hemos negociado nada con él desde pequeño. La confianza, como decía, se siembra.
Pedir perdón
Otra costumbre que tenemos que recuperar es la de pedir perdón, no solamente exigir que nos pidan perdón los niños. Si nos equivocamos, si perdemos el control, si actuamos mal con ellos, debemos pedirles perdón, son personas con dignidad y además nos tienen como el faro del que aprender. No podemos exigir que aprendan a pedir perdón simplemente mandándoselo u obligándoles, se lo vamos a enseñar siendo humildes y sabiendo admitir nuestros errores.
Respetando se gana respeto, no imponiendo y mucho menos usando los gritos o los castigos o los azotes. Podemos aprender a educar con respeto, que es como los niños y los adultos quieren ser tratados.
EL JUEGO BASE FUNDAMENTAL EN LA EDUCACION DE LOS HIJO
La rutina en la que nos vemos sumergidos a diario nos hace olvidar la importancia de dedicar un ratito cada día a jugar con nuestros hijos.
El juego en la infancia es esencial, es la forma en que los niños se divierten pero también aprenden y nuestro apoyo en ese aprendizaje es sumamente beneficioso para establecer un vínculo entre padres e hijos, por eso jugar todos los días con nuestros hijos es fundamental para su desarrollo.
LA PEDOFILIA
Hace 16 años